El Pizkunde comenzó a funcionar en aquel primer Centro Vasco de Caracas entre las esquinas de Truco a Balconcito en el año 1948, en pleno centro de la vieja Caracas, bajo la dirección del Maestro Antón Garate y su primera presentación fuera de aquella casa colonial de los vascos fue en el Teatro Municipal (para ese momento el más importante de Caracas), invitados por la Asociación de Conciertos, bajo la Presidencia del Maestro Plaza, logrando un rotundo éxito gracias al cual desde ese momento fue el foco de atención del público caraqueño hacia la calidad vocal del pueblo vasco, presentándose posteriormente en varios actos, ya que en Caracas apenas destacaba el Orfeón Lamas, integrado por intérpretes de primera calidad dirigidos por el reconocido Maestro Vicente Emilio Sojo.
Entre sus actuaciones, Pizkunde destacó por su espíritu solidario, ofreciendo su música a enfermos del Sanatorio Antituberculoso de El Algodonal o a los presos de la Cárcel Modelo en Catia, entre muchas otras.
En una segunda etapa logro un enorme reconocimiento gracias a la interpretación de la Novena Sinfonía de Beethoven, bajo la batuta del Maestro Galarza, interpretada por primera vez de viva voz en Caracas, o así mismo cuando entonaron el Aleluya de Haendel dirigidos por Paulin Urresti, en un montaje teatral sobre la Pasión de Cristo, realizado en el Nuevo Circo caraqueño.
Pizkunde fue requerido para colaborar con el gran Maestro Antonio Estévez, a fin de estrena su Cantata Criolla, un hito en la historia musical venezolana, recibiendo el honor nuestro coro de comenzar los ensayos bajo la dirección de este Maestro en la trasladada nueva sede del barrio de El Paraíso, acompañado del Orfeón Universitario de la UCV y algunos solistas.
Fue tanto el prestigio del Pizkunde que en un concurso cuya base era el Himno Nacional de Venezuela, por decisión del jurado quedo de segundo, ante las airadas protestas del Maestro Esteves quien consideraba que solo podía dársele el primer lugar al Coro Pizkunde.


