He estado sentado toda la primavera,
esperando al verano,
y la hierba ha crecido por sí misma.
El verano ha llegado,
y ahora me pregunto
si debo hacer algo más
que no hacer nada,
y dejar que la naturaleza siga su curso,
o levantarme y echar a andar
decidido hacia el otoño,
porque alguien tendrá que recoger
las hojas caídas.
Pensar en qué hacer
es una ocupación en sí misma
que nos libera del error
de dar lecciones a la naturaleza.
Pensar y hacer,
dos líneas que tienden
a ser convergentes
pero que la filosofía oriental
contempla paralelas.
Mientras la duda permanece,
la naturaleza avanza en silencio
y puede hacer de la laxitud
una espera apasionante,
y de la llegada,
un descubrimiento deslumbrante.
Pensar,
hacer,
y durante…:
la semilla de la sabiduría.



