Mikel Ortiz de Arratia
Los tiempos de guerra que padecemos apagan rápidamente los ecos de la “guerra igualitaria” sobre la que seguimos descansando y que el 8-M dio lugar a diferentes posicionamientos. Tras oír las discrepancias entre conspicuas mujeres sobre las raíces y las enseñanzas a extraer del evento, opino que cuando ellas se pongan de acuerdo en cómo repartirse el pastel entre ambos sexos, estarán los hombres en disposición de colaborar para hacer entre todos y todas, un pastel nuevo. Como punto de partida, he llegado a la conclusión de que una no nace mujer, se llega a serlo. Hoy en día nace como un pájaro al que le cortan las alas y luego le culpan de no saber volar. Aprender a ser mujer, es como aprender a volar, se hace desde el nido. Pero si se quiere volar más alto y más rápido, habrá de hacerse con las propias alas, no con las de los hombres. ¡Son unos pesados! El avance de la civilización está en proporción directa al nivel de independencia y de poder que alcancen las mujeres. La guerra de Putin, Netanyahu y Trump y la forma de llevarlas, jamás podría tener a una mujer como responsable —aunque Úrsula flaquea demasiado—. Ni tampoco todas las que en la historia han sido. Dejadlas volar alto y seguro que mueren menos mujeres y niños inocentes.
Mikel Ortiz de Arratia


