La luna buscó al sol
por los caminos del cielo,
y al hallarlo, lo abrazó
con su pañuelo de hielo.
El sol, rojo de sorpresa,
guardó su fuego en secreto,
y el día se echó la siesta
bajo un eclipse pequeño.
Pasó la sombra volando,
pasó la luz en silencio,
y cuando abrimos los ojos
todo fue un asombro lento.
La luna siguió su viaje,
el sol volvió a su sendero,
y quedó en el aire un brillo
de amor, de sombra y misterio.
Pero todos los que vimos
tal maravilla anunciada
nos quedamos convencidos:
todo será igual mañana.
Como nos dijo Machado,
todo depende en la vida
del ojo con que se admire,
del cerebro que lo piense
y si es alta la colina.
Juro que no vi la noche.
Juro que solo vi el día.
Juro que miré el eclipse.
Juro que fue como magia.



